A continuacuón voy a extraer algunas conclusiones sobre el informe PISA 2006 que añaliza los estudios de jóvenes de 15 años en todo el mundo. La primera de ellas es obvia: España sigue por debajo de la media y, en lectura, bajando (20 puntos, no porcentuales). Y recordemos que “por debajo de la media” quiere decir no por debajo de la media europea, sino por debajo de la media de todo el mundo desarrollado.Otra conclusión que se puede extraer de PISA es el aumento de diferencias interterritoriales dentro de España y la gran distancia entre enseñanza pública y privada (30 puntos). Pero la conclusión fundamental es el desastroso resultado obtenido por las CC.AA. con políticas de normalización lingüística, como explicó Libertad Digital a sus lectores poco después de la publicación de PISA. El caso de Cataluña es paradigmático: pasa de los primeros puestos al penúltimo, sólo por detrás de Andalucía. Por no hablar del País Vasco, delante sólo de Cataluña y Andalucía, que ya de paso demuestra -como también lo hace la comparativa con otros países- que no es cuestión de gasto.
Y es que, efectivamente, no estamos ante un problema de talonario. ¿Para qué más dinero? ¿Formación del profesorado, nuevas tecnologías, innovación pedagógica, menos alumnos por aula, pizarras nuevas…? Todo eso está muy bien (o muy mal, según se mire), pero la cuestión aquí es que hoy tenemos la mitad de alumnos por aula, ordenadores cuando antes no había, etc., y peores resultados que nunca. Y bajando.
Probablemente, los 40 alumnos por aula de hace 30 años rendían más porque, primero, el alumno que insultaba al profesor o pegaba al compañero en clase no volvía a pisar el colegio y, segundo, porque cada cierto tiempo había unas temidísimas reválidas que garantizaban que la Instrucción Pública era un efectivo instrumento de promoción social. Hoy, ni aunque la izquierda logre cuadruplicar el gasto en pedagogos, portátiles y tubos de ensayo, y consiga clases casi individualizadas, con tres o cuatro alumnos por aula, se alcanzará el rendimiento de entonces, sencillamente por falta de incentivos para ello. Cuando un sistema fracasa, no vale decir que es por falta de gasto y que hay que llegar a un alumno por aula para que la cosa marche.


